El Cristo Redentor de Brasil
lugares turisticos March 21st, 2010
El Cristo Redentor toma su nombre de la estatua que lleva su mismo nombre, todo turista dice “voy al Cristo Redentor”, pese a que se encuentra enclavado en el Corcovado. Es un punto estratégico de cada viaje turístico y se hace necesario conocer más acerca de una de las maravillas del mundo. La estatua del Cristo Redentor fue inaugurada hace 77 años, se llega por medio de un tren que parte desde Cosme Velho subiendo el Corcovado por el Parque Nacional Tijuca, llegan a la cima turistas de todas partes del mundo que hacen escala antes de regresar a su país, aunque sea unos pocos minutos para sacarse una foto con el Cristo que se eleva a 30 mts. de altura de frente a la Bahía de Guanabara sobre el monte de 710 mts. de altura.
Se puede subir por escaleras, por ascensores o por escaleras mecánicas. El paisaje puede verse enceguecido a causa de la nebulosa en la altura, hay que esperar que el viento haga su trabajo para que el coloso pueda mostrarse a los turistas que caminan sintiendo la experiencia de hacerlo entre las nubes alrededor del Cristo que poco se percibe hasta que al fin aparece y todos pueden ver la estatua de ojos ciegos con sus brazos abiertos, se sienten como si estuvieran en la ceremonia de una iglesia, otros se preparan con rapidez para sacarse la foto antes del regreso sin exclusividad porque todos quieren la misma foto, aunque algunos prefieren también llevarse el recuerdo de su viaje en una foto sacada por un profesional en forma de llavero o plato.
Desde que fue inaugurada el 12 de octubre de 1931 es la mayor atracción de Río de Janeiro. Los cariocas comparan la estatua con el Arco del Triunfo, la Torre Eiffel o la estatua de la Libertad. Es visitada por 1,6 millones de turistas y ahora al ser una de las nuevas maravillas del mundo se espera una mayor afluencia de personas. Su orgullo por el Cristo se basa en su arquitectura e ingeniería y en la belleza del paisaje que lo rodea, por este motivo se está trabajado para mejorar los servicios previniendo una mayor demanda por parte de los turistas.
En 1859 Jean Pierre Bos fue el mentor de la estatua en el Corcovado, lugar donde fue tentado Jesús por el demonio, según la Biblia. Siguiendo la idea de este sacerdote primero se pensó en un globo terráqueo con una cruz pero en el morro San Antonio o un Cristo de bronce en el Pan de Azúcar. Al fin se decidió por un Cristo con un globo terráqueo sostenido con su mano derecha y una cruz en su brazo izquierdo.
A raíz de que el pueblo lo llamó El Cristo de la Pelota de Fútbol, la iglesia pidió más simbología y que se viera desde lejos como una cruz. Para su construcción se hicieron donaciones por 400.000 dólares. Su escultor, el francés Paul Landowski, fue ayudado por el pintor Carlos Oswald, la cabeza y las manos fueron esculpidas en Francia. Las manos de la poetisa y escultora Margarita Lopes de Almeida fueron modelo para la construcción de las manos del Cristo y luego fueron enviados a Río los diseños para ser modelados en el lugar.
La estatua completa tardó 5 años en ser construida en su totalidad. Por dentro puede verse que está atravesado por vigas y escaleras, su exterior es de hormigón con revestimiento de esteatita gris tornando a verde originario de Minas Gerais, el corazón es de concreto y en su interior se halla una botella de vidrio con el árbol genealógico del arquitecto Levy y puede verse estando adentro o afuera del Cristo. Juan Pablo II lo visitó en 1980 aunque en ese momento no se le había hecho ningún mantenimiento, si bien su cuidado es responsabilidad del Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Renovables perteneciente a la Arquidiócesis de Río de Janeiro , pero en 1990 debido a un deterioro visible en su interior y exterior ninguna de las dos entidades tenía dinero suficiente para su refacción, por lo que distintas empresas junto con la Fundación Roberto Marinho hicieron el trabajo con un costo de 2 millones de dólares, incluyéndose las escaleras mecánicas y recubriendo la imagen con silicona para protegerla de la humedad y del agua sin restringir la respiración de los poros a través de la piedra.
