Enrique IV de Francia y III de Navarra, al querer ser rey de Francia se encontró que al no ser católico no podía acceder al trono, algo que debía revertirlo para cumplir con su objetivo.
Por ello sedujo con una frase célebre “París bien vale una misa”, lo cual daba por sentado que estaba decidido a convertirse en católico y de hecho así lo hizo aunque algunos dicen que en realidad se le atribuye esta frase al querer acceder al trono como rey de España.
Lo cierto que esta frase considerada célebre salió de su boca al ver las bellezas parisinas como La Gioconda, de Leonardo da Vinci, un retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco Bartolomeo del Giocondo también llamado Mona Lisa, ubicado en el museo del Louvre, una de las obras pictóricas más famosas del mundo, sobre todo luego de hacerla aún más famosa Dan Brown con su novela El Código da Vinci. Momento en el que turistas de todo el mundo recorrían París siguiendo los mismos rastros de Robert Langdon, profesor de iconografía y de la agente secreta Sophie Neveu, que llevaba a investigar varias obras del museo del Louvre incluida La Gioconda.

Todas ellas dentro del museo del Louvre, otro de los íconos de París que hizo nacer la frase célebre de Enrique IV de Francia y III de Navarra. Vale aclarar que este museo era el Palacio del Louvre no funcionó como tal hasta que se expidió un decreto en mayo de 1791, luego de la revolución francesa cuyo destino estaba asignado a cuestiones científicas y artísticas. Recién llegaron las colecciones de las obras cuando quedó abolida la monarquía.
En realidad Enrique IV dijo Paris vaut bien une messe (“París bien vale una misa”) cuando se convirtió al catolicismo exactamente el 25 de julio de 1593 un poco menos después de que Leonardo da Vinci haya pintado La Gioconda.Pero los ícono continúan con La torre Eiffel, iniciada su construcción cuando se organizó el centenario de la revolución francesa y el ingeniero Gustav Eiffel presentó su proyecto que consistía en una torre íntegramente construida en estructura metálica con una altura que permitía verse desde una distancia considerable.
Aunque parezca irreal los parisinos sintieron rechazo por esta estructura de metal porque parecía no significar nada especial para ellos, pero de todos modos, la torre se levanto y fue inaugurada en 1889 siempre con la intención de que algún día fuese demolida y gracias a que la armada francesa descubrió que la torre serviría para la instalación de antenas y otras cuestiones de índole bélico, al fin se detecto su practicidad y así e que hoy se convirtió en uno de los íconos parisinos.La frase célebre de Enrique IV de Francia y III de Navarra, Paris bien vale una misa, sin lugar a dudas hace alusión a las maravillas parisinas y a la necesidad de dar gracias a Dios por todas ellas.
La Gran Mezquita fue inaugurada en 1926 en conmemoración por los soldados musulmanes que lucharon en la 1º Guerra Mundial. La Gran Mezquita de Paris es un atractivo turístico que falta agregar a las guías de viajes a esta ciudad francesa. Pero gracias a que no se encuentra configurada dentro de estas guías es que se puede recorrer con tranquilidad sin la masiva visita turística, como si fuese un lugar de privilegio para los que conocen la existencia de su belleza con antelación. La Gran Mezquita es un deslumbrante conjunto monumental con estilo hispano morisco revestido con mosaicos multicolores y madera tallada.
Para conocer íntegramente a La Gran Mezquita es necesario penetrar a ella para encontrarse con patios internos y salas silenciosas de estudio aptas para visitar y realizar conferencias, tomar baños de vapor, degustar cocina mediterránea en su restaurante ó el mejor té de menta de toda Paris en el bar.La Gran Mezquita es un palacio con una superficie de 7500 m2 cuya mitad es ocupada por inmensos jardines. Ya desde la entrada recibe un jardín andaluz con macizos de flores desde donde asoman bellas escalinatas y portones para entrar a las salas y patios de este impactante conjunto arquitectónico de 33 metros de altura.
Entrando hacia la izquierda se encuentra el Instituto Musulmán reservado para recepciones, cursos, conferencias y bibliotecas. Hacia la derecha parecido a La Alambra de Granada se abre un patio principal el mas fascinante de todos los que se observan en este complejo con columnas de tejas, un portón de madera tallado de edro y piedra, exponente del arte marroquí que comprende una inmensa cantidad de flores, plantas, cúpulas y fuentes de mármol. Hacia el fondo del patio central se pueden ver infinidades zapatos esperando a los fieles que atravesaron una puerta cerrada, detrás la sala de oración con una cúpula octogonal decorada con vitreaux multicolor y alfombras persas.
Infaltable es la tienda para comprar souvenirs de Oriente, recuerdos de orfebrería, alfombras, artículos de cuero, tapices, instrumentos musicales, todo para que el turista tenga su recuerdo y elija entre lo más raro ó exótico de La Gran Mezquita de Paris.El verano hace de La Gran Mezquita un lugar de ensueño comiendo en el patio con un cielo de pájaros y mesas de cobre. La Gran Mezquita invita también al descanso con hamman, baño turco famoso de Francia. Un lugar que transporta a los palacios árabes con mucho mármol y gradas sobre una hoya circular donde se encuentran hombres y mujeres por separado cubiertos por toallas descansando ó tomando un té en un spa dentro de La Gran Mezquita.